La Cruzada Secreta

La Cruzada Secreta

Tras sus acciones vergonzosas y poco honrosas  en el templo de Salomón, que lo condujo a su degradación, Altaïr se le dio  la oportunidad de subir de rango  de la Hermandad una vez más por Al Mualim, quien instruyó al Asesino a cazar y tomar la vida de nueve Templarios a cambio de su propia vida.

Aquí les dejamos los diálogos finales entre Altair y los 9 templarios.

Redactado: Nagato

1

Tamir Bin Musa era conocido en Damasco como un poderoso traficante de armas y miembro de la orden templaria.
Se unió a la causa para brindar apoyo armamentístico a su orden y obtener una ventaja sobre los cruzados y sarracenos en el plan de golpe de estado contra el Rey Ricardo I de Inglaterra y Salah Adín.

Fue muerto por el Maestre Asesino Altaïr Ibn La’ahad en el zoco de Damasco, durante un importante trato para aumentar su capacidad armamentística.

Sus ultimas palabras antes de morir fueron:

Altaïr: Descansa en paz.

Tamir: Pagarás por esto. Tú y toda tu calaña.

Altaïr: Parece que quien paga ahora eres tú, amigo. Ya no te beneficiarás del sufrimiento ajeno.

Tamir: ¿Crees que soy un mezquino tratante de muerte que se enrriquece gracias a la guerra? Un extraño objetivo, ¿no crees? ¿Por qué, si ya hay tantos haciendo lo mismo?

Altaïr: ¿Es que acaso te crees diferente?

Tamir: Si, y lo soy. Porque yo sirvo a una causa mas noble que ganar dinero. Como mis hermanos.

Altaïr: ¿Hermanos?

Tamir: Crees que actúo solo. Soy una pieza, un peón más en el tablero. No tardarás en conocer a los otros … No les va a gustar nada lo que has hecho.

Altaïr: Mejor. Estoy impaciente por acabar con sus vidas.

Tamir: Cuanto orgullo. Esto te destruirá, muchacho.

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Talal fue un conocido criminal esclavista en los barrios bajos de Jerusalem, donde la violencia, la pobreza y la injusticia eran pan de cada día.
Su principal función y contribución a la orden templaria era de proveer al caballero hospitalario y medico cirujano, Garnier de Naplouse, de personas cuya voluntad fuera fácilmente quebrantable por mas de un medio ademas de la violencia para ser sometidos a la voluntad de la orden. Entre esas personas figuraban esclavos, prostitutas, borrachos, leprosos y mendigos.
Se decía que Talal era muy hábil usando el arco en combate, pudiendo asestar a mas de un blanco a la vez.

Fue muerto por el Maestre Asesino Altaïr Ibn La’ahad mientras huía, luego de emboscarlo en el almacén de esclavos.

Sus ultimas palabras fueron:

Altaïr: Ya no tienes dónde huir. Confiésame tus secretos.

Talal: Yo ya he cumplido mi parte. La hermandad no es débil, y mi muerte no impedirá que triunfe.

Altaïr: ¿Qué hermandad?

Talal: Al Mualim no es el único que tiene planes para Tierra Santa. Pero no voy a decir nada más.

Altaïr: Entonces se acabó. Pídele perdón a tu Dios.

Talal: Ya no está con nosotros. Hace mucho que abandonó a las personas a las que yo he acogido.

Altaïr: ¿Qué quieres decir?

Talal: Pobres, putas, adictos, leprosos. ¿Te parece que serían buenos esclavos? No sirven ni para las tareas más humildes. No, yo los recogí para así salvarlos. Tú en cambio matas por la simple razón de que te lo ordenan.

Altaïr: No, tú vives de la guerra. Sólo eres un parásito.

Talal: Sí, eso es lo que piensa un ignorante como tú. No quieres comprender, como ninguno de los tuyos. ¿No ves la ironía en todo esto? No, parece que aún no. Pero la verás.

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Garnier de Naplouse, el líder de los Caballeros Hospitalarios, medico cirujano y miembro de la orden templaria.
Garnier fue desterrado de Francia por su falta de ética y su inhumana vision acerca de los avances médicos practicados en sus pacientes. Ya establecido en Acre, siguió con sus investigaciones en seres humanos, financiado por el dinero que su familia donaba.

Sus aportes a la orden templaria fue de doblegar la voluntad de los mas indefensos (muchos de ellos eran esclavos y enfermos que Talal le proveía desde Jerusalem) en pos de la causa templaria, utilizando desde la tortura física y psicológica, hasta medicamentos cuyo fin era imitar el efecto de voluntad doblegada que El Fruto del Edén podía ejecutar.

Fue muerto por el Maestre Asesino Altaïr Ibn La’ahad, quien se infiltro en las inmediaciones para darle muerte durante una de sus vigilias para examinar a los enfermos.

Sus ultimas palabras fueron:

Altair: Aliviad vuestra carga.

Garnier: Ah, por fin descansaré. El sueño eterno me espera. Pero antes de cerrar los ojos debo saber qué les pasará a mis hijos.

Altair: ¿Las víctimas de vuestros crueles experimentos? Ahora serán libres para regresar a sus casas.

Garnier: ¿Casa? ¿Qué casa? ¿Las cloacas? ¿Los burdeles? ¿Las mazmorras de donde los trajimos?

Altair: Os llevasteis a esa gente contra su voluntad.

Garnier: Sí, contra la poca voluntad que les quedaba. ¿De verdad eres tan ingenuo? ¿Le das la razón a un niño solo por que llora y te dice: “Déjame jugar con el fuego, papá”? ¿Acaso le contestas: “Lo que tu quieras”? No. Porque si se quema será culpa tuya.

Altair: No son niños. Son hombres y mujeres adultos.

Garnier: De cuerpo tal vez, pero no de mente. Ése es el daño que intento reparar. Lo admito, sin el fruto del Edén que vosotros nos robasteis, mis avances son más lentos. Pero hay hierbas, mixturas, extractos… Mis guardias son la prueba: estaban locos, trastornados, hasta que los liberé de la prisión de sus propias mentes. Con mi muerte, regresarán de nuevo a su locura.

Altair: ¿De veras creéis que les ayudáis?

Garnier: No se trata de lo que creo. Se trata de lo que sé

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Abu’l Nuquoud, mas conocido como el rey de los mercaderes de Damasco. Fue uno de los nobles mas adinerados y poderosos y miembro secreto de la Orden Templaria.
Se unió a la orden con una vision vanidosa al no ser aceptado en la alta sociedad de Damasco, financiando secretamente los fondos de los Templarios para forjar un “nuevo mundo”, un mundo en el que el y su prominente anatomía no fueran objeto de burla por el resto de la sociedad.

Abu’l se caracterizaba por despreciar a la clase mas pobre de Damasco, creyendo que ellos eran los causantes de tanta violencia y delincuencia que azotaba la ciudad, por lo que acostumbraba disfrutar el verles morir de maneras muy crueles.

Fue muerto por el Maestre Asesino Altaïr Ibn La’ahad mientras Abu’l ofrecía una de sus lujosas fiestas, en las que invito a personas de todos los estratos sociales. Habiendo envenenado el vino, mató a todos y cada uno de los asistentes con excepción de los guardias quienes tenían la expresa orden de matar a todo aquel que intentase escapar de su palacio.

Sus ultimas palabras fueron:

Altaïr: Estamos en paz ahora.Sus palabras ya no pueden hacerte daño.

Abul: ¿Por qué has hecho esto? Dime…

Altaïr: Robabas dinero a los que dices acaudillar y lo enviabas afuera con algún propósito ¡Quiero saber a donde iba y porque!

Abul: ¡Mírame! Mi cuerpo es una ofensa para la gente que gobierno…esta noble vestimenta, apenas me sirve para mitigar sus gritos de odio.

Altaïr: Entonces se trata de venganza ¿No?

Abul: No, no es venganza, sino consciencia ¿Como podría financiar una guerra en nombre del mismo dios que me considera una abominación?

Altaïr: Entonces ¿A quien sirves si no es a la causa de Salah Addín?

Abul: Lo sabrás a su debido tiempo. Creo que tu ya lo sospechas.

Altaïr: ¿Porqué esconderse?¿Y porqué estos actos siniestros?

Abul: No es tan distinto de tu propio trabajo. Tu le quitas la vida a hombres y mujeres absolutamente convencido de que sus muertes mejoraran el destino de aquellos que quedan.
¿Un mal menor a cambio de un bien común? Ambos somos iguales.

Altaïr: No…somos diferentes.

Abul: Ah…puedo verlo en tus ojos, tienes dudas…tu no puedes detenernos…tendremos un “nuevo mundo”.

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Majd Addin, el regente verdugo de Jerusalem.
Fue el antiguo escriba al servicio de Salah Addin antes de unirse a la causa templaria. Majd Addin se unió a la orden queriendo escalar de posición política dentro de Jerusalem, fue así como los templarios rápidamente fueron eliminando uno a uno a los regentes que Salah Addin designaba para gobernar la ciudad y de esa manera, tomar el control interno de ella.

Majd Addin se caracterizaba por ser un gobernante déspota y cruel, que castigaba a todo aquel que no pensara como el o que sencillamente se negara a someterse a su voluntad, haciendo de las ejecuciones, un verdadero circo romano y en las que siempre recurría al mismo castigo: La muerte.

Fue muerto por el Maestre Asesino Altaïr Ibn La’ahad durante una de sus famosas ejecuciones, en las que pretendía matar a 4 inocentes: La prostituta (una sirvienta que se negó a acostarse con el), El ladrón (un mendigo que solo recogió una moneda que se encontró en las calles), El jugador (siendo culpado de corromper a la ciudad) y El Hereje (un aprendiz de Asesino que fue capturado)

Sus ultimas palabras fueron:

Altaïr: Tu tarea ha terminado.

Majd: ¡No! ¡No! ¡Acaba de empezar!

Altaïr: Dime ¿Cual es tu parte en esto? ¿Quieres defenderte como los otros y explicar el motivo de tus crímenes?

Majd: Los demás querían la ciudad ¡Yo quería el poder! ¡Era una…oportunidad!

Altaïr: ¡Una oportunidad de matar inocentes!

Majd: No tan inocentes…la voz disidente corta como el acero y perturba el orden…en eso, estoy de acuerdo con mis hermanos.

Altaïr: Matabas inocentes porque no pensaban como tu.

Majd: Pues claro que no ¡Los mataba porque podía! ¡Porque era divertido! ¿Sabes lo que se siente al poder decidir el destino de otro hombre? ¿Has visto como me aclamaba el pueblo? ¿Y que miedo me tenían? Yo era…¡Como un dios! ¡Habrías hecho lo mismo de haber podido! Es…¡El poder!

Altaïr: Antes quizás…pero he aprendido que les ocurre a quienes se sienten por encima de otros.

Majd: ¿Y que les ocurre?

Altaïr: Ahora te lo enseño…

Majd: …………………………

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Guillermo V de Montferrat, el regente de la ciudad de Acre.
Guillermo fue un noble nacido en Italia en la que alcanzo el titulo de Marques. Tiempo después, cuando se inicio la tercera cruzada, Guillermo presto la fuerza de su ejercito al servicio del Rey Ricardo I de Inglaterra y participó activamente de las campañas.
No era secreto para nadie que el y el Rey Ricardo se llevaban mal, pero a pesar de esto, el Rey Ricardo confiaba en el mas que en ningún otro hombre y le nombró regente de Acre en su ausencia.

Se unió a la orden templaria, organizando el golpe de estado que derrocaría al Rey y cuando este se hallase muerto, sería el Maestre de los caballeros Teutonicos, Hochmeister Sibrand, quien construiría un bloqueo marítimo para impedir que llegasen refuerzos.

Guillermo se caracterizaba por ser un hábil guerrero pero carente de paciencia. Solía sermonear a sus subordinados haciéndoles saber hasta sus falencias mas pequeñas y haciéndolos entrenar día y noche, todo para prepararlos para los difíciles tiempos que habría al forjar el “nuevo mundo”. También solía burlarse de su hijo Conrado, restregándole la carencia de liderazgo que este poseía.

Fue muerto por el Maestre Asesino Altaïr Ibn La’ahad luego de la visita del Rey Ricardo, en la que se les vio a ambos discutir a vista y paciencia de todos los ciudadanos de Acre. El Rey Ricardo le hizo saber su disgusto luego de que Guillermo ejecutara a mas de 200 sarracenos, los cuales podían ser “cambiados como rehenes por cruzados capturados”.
En respuesta, Guillermo se sintió menoscabado por la incomprensión que el Monarca demostraba acerca de su toma de decisiones, lo que luego desencadenó que Guillermo se retirara a su ciudadela con sus hombres para sermonearles por sus poca entrega al entrenamiento.

Sus ultimas palabras fueron:

Altair: Relajaos. Vuestros planes se acabaron.

Guillermo: ¿Qué sabes de mis planes?

Altair: Sé que planeabais matar a Ricardo y reclamar Acre para vuestro hijo, Conrado.

Guillermo: Ja ja ja ja ¿Para Conrado? Mi hijo es un asno incapaz de dirigir a sus huestes, no digamos un reino. ¿Y Ricardo? tan sí y no es aún peor, sólo está cegado por su fe en lo insustancial. Acre no es para ninguno de ellos.

Altair: ¿Y para quién?

Guillermo: Acre pertenece a sus ciudadanos.

Altair: ¿Cómo os atrevéis a hablar por ellos? Les robáis la comida. Les castigáis sin clemencia. Les obligáis a servir a vuestras ordenes.

Guillermo: Lo he hecho pensando en prepararles para prepararles para el Nuevo Mundo. ¿Robar comida? No, la requiso para que cuando lleguen las vacas flacas, pueda ser racionada. Observa, en mi distrito no hay crímenes, salvo por los que cometen los de tu calaña. En cuanto a los reclutas, no se les entrena para combatir sino para que aprendan el valor del orden y la disciplina. Vamos, eso no puede ser malo.

Altair: Por muy nobles que sean vuestras intenciones, esos actos son crueles y deben terminar.

Guillermo: Ja ja, ya veremos cuán dulces son los frutos de vuestros desvelos. Vosotros no liberáis las ciudades, más bien las condenáis. Al final, la culpa será solo vuestra. Vosotros que habláis de buenas intenciones.

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Jubair Al Hakim, el líder de los eruditos de Damasco.
Antes de unirse a la orden de los templarios, Jubair se desempeñaba como erudito y estudioso de la ciudad. Era considerado como un ejemplo a seguir por muchos de los académicos de la ciudad.

Como todo estudioso era alguien curioso y de espíritu investigativo, observó como la guerra asolaba la tierra y como hombres y mujeres, niños y ancianos eran envueltos en una guerra que ellos jamas pidieron estar. Fue así como poco a poco se dio cuenta que toda la violencia, las guerras y toda la maldad que yacía en el mundo era causado por los ideologias, en su mayoría impuestas por los libros y textos antiguos como la biblia.
Armado con esta idea, se unió a los templarios quienes tenían un ideal (según el) mucho mas noble para tierra santa y para el mundo entero, un “nuevo mundo” donde no hayan guerras por los ideales ni religiones y donde todo esta unido a una sola manera ver el mundo tal cual es.

Su mayor contribución a la orden fue la de purgar el conocimiento que estaba en libros y escritos antiguos y de disuadir a las masas de que el conocimiento puesto en ellos a través de los libros, era un veneno que lentamente corrompería sus mentes y sus corazones y que ideales como los de ellos, no eran aptos para este “nuevo mundo”.

Fue muerto junto a sus seguidores por el Maestre Asesino Altaïr Ibn La’ahad durante una recolección masiva de libros y escritos para ser incinerados.

Sus ultimas palabras fueron:

Jubair: Dime…¿Porqué lo has hecho?

Altaïr: Todos tienen derecho a tener su fe, no tenemos ningún derecho a juzgarles por su credo, aunque no estemos de acuerdo con el.

Jubair: ¿Y que hago?

Altaïr: Tu deberías saberlo mejor que nadie. Educarlos, para distinguir el bien del mal, el conocimiento debe liberar no esclavizar.

Jubair: La gente no aprende, sus mentes están anquilosadas. Eres un ingenuo si piensas lo contrario, esa enfermedad tiene un remedio.

Altaïr: Te equivocas, por eso voy a darte descanso eterno.

Jubair: ¿Acaso no soy como esos libros que quieres salvar? ¿Una fuente de conocimiento de la que tu disientes?…pero aun así prefieres quitarme la vida.

Altaïr: Un mal menor a cambio del bien común. Es necesario.

Jubair: ¿No son los escritos antiguos los que inspiran a los cruzados y los que despiertan la justa ira de Salah Addin y la de sus hombres? Los libros ponen en peligro a otros hombres y provocan muertes…lo que yo hacía, también era un mal menor…pero eso ya no importa, llegó el momento…este es mi final…

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Hochmeister Sibrand, el Gran Maestre de los caballeros Teutones.
Sibrand fue uno de los tres miembros del triunvirato de Acre junto a Guillermo de Montferrat y Garnier de Naplouse. Siendo nombrado gobernante del puerto de San Juan de Acre y posteriormente a la muerte de Guillermo, fue nombrado como el actual regente.

A diferencia de su antecesor en el mando, Sibrand no era déspota ni cruel con sus subordinados, pero el solo hecho de saber que el ahora estaba en el puesto de uno de los miembros de la orden que había muerto recientemente a manos de un Asesino, le hacía perder la cabeza dando muestras de paranoia hasta con el clero (acusándolos de vestirse igual a los Asesinos).

La principal función que cumplió Sibrand para con la orden era establecer un bloqueo marítimo para cuando llegasen los refuerzos una vez que se ejecutara el golpe de estado contra el Rey Ricardo I de Inglaterra, para lo cual requisó todas y cada una de las naves de los habitantes del puerto de San Juan de Acre. Esto no dejó muy felices a los habitantes ya que muchos no estaban dispuestos a ceder ante la alocada demanda de Sibrand.

Fue muerto por el Maestre Asesino Altaïr Ibn La’ahad luego de que Sibrand se refugiara en su nave insignia, poniendo una extensa red de vigilancia para evitar que el Asesino llegara hasta el.

Sus ultimas palabras fueron:

Sibrand: ¡Por favor, no lo hagas!

Altaïr: ¿Teneís miedo?

Sibrand: ¡Claro que tengo miedo!

Altaïr: Pero ahora estaréis a salvo, en los brazos de vuestro Dios.

Sibrand: ¿No te han enseñado nada mis hermanos? Sé lo que me aguarda. ¡Como a todos!

Altaïr: Si no es Dios, ¿qué os aguarda?

Sibrand: Nada. No hay nada. Eso es lo que temo.

Altaïr: Vos no creéis…

Sibrand: ¿Como puedo creer después de lo que sé? Nuestro tesoro es la prueba.

Altaïr: ¿Prueba de qué?

Sibrand: Esta vida es todo lo que hay.

Altaïr: Pues quedaos en ella un poco más, y contadme vuestra parte en el plan.

Sibrand: Un bloqueo marítimo. Para evitar que los necios de los reyes cristianos enviaran refuerzos cuando hubiéramos…

Altaïr: ¿Conquistado Tierra Santa?

Sibrand: Liberado, ¡estúpido! De la tiranía de la fe.

Altaïr: ¿Liberado? Habeís destruido ciudades. Matado a cuantos se oponían.

Sibrand: Sólo obedecía órdenes. Creía en mi causa. Igual que tú

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Roberto de Sable, el gran Maestre de la orden Templaria y el lugarteniente del Rey Ricardo I de Inglaterra.
Roberto era un noble nacido en el seno de la orden en Francia y adiestrado para convertirse en uno de los militares mas hábiles que participaría en la tercera cruzada, que posteriormente seria el gran Maestre Templario luego del asedio a la ciudad de Acre.La verdadera misión de Roberto no había comenzado sino hasta poco después de obtener el grado de Gran Maestre de la orden cuando diera con la localización de uno de los tesoros mas codiciados y mas poderosos jamas creados: El Fruto del Eden.
Dicho tesoro era la piedra angular en el plan de la orden para forjar un “nuevo mundo” de acuerdo a los ideales que ellos tenian.
Fue así como Roberto junto a tres lideres de las correspondientes facciones que participaron de la tercera cruzada y otros 5 nuevos miembros de la orden mas 1 viejo miembro, pusieron en marcha un plan de búsqueda del tesoro siendo Rashid ad-Din Sinan quien finalmente encontró el artefacto en el templo de Salomón.
Saboteado por los Asesinos, Roberto comienza a urdir un plan de golpe de estado contra los lideres de sarracenos y cruzados y de esa manera poder forjar un “nuevo mundo” controlando las ciudades internamente.Fue muerto por el Maestre Asesino Altaïr Ibn La’ahad en Arsuf cuando se dirigía al encuentro del Rey Ricardo y de Salah Addin para formar una tregua entre ambas facciones con el fin de atacar al enemigo en común: Los Asesinos.

Sus ultimas palabras:

Altaïr: Todo ha acabado, es vuestro fin y también el de vuestros planes.

Roberto: ja ja ja no sabes nada de planes, solo eres una marioneta, el te ha traicionado igual que me ha traicionado a mi.

Altaïr: ¡Explicaos templario! ¡O callaos de una vez!

Roberto: El te mando a matar a nueve hombres, los nueve que guardaban el secreto del tesoro

Altaïr: ¿ Y qué?

Roberto: No eran nueve los que hallaron el tesoro, nueve no…¡Sino diez!

Altaïr: ¿Diez? ¡Quien conozca el secreto debe morir! ¡Decidme su nombre!

Roberto: Oh, lo conoces de sobra. Dudo mucho que estés tan dispuesto a matarle a el como lo estas dispuesto a matarme a mi.

Altaïr: ¡¿A quién?!

Roberto: A tu maestro, Al Mualim.

Altaïr: ¡Pero él no es un Templario!

Roberto: ¿Nunca te has preguntado cómo es que sabía tanto? ¿Dónde buscarlo, cuántos éramos, y cuales eran nuestras metas?

Altaïr: ¡Él es el maestro de los Asesinos!

Roberto: Si, el maestro de las mentiras. Tú y yo somos dos peones en éste gran juego. Ahora, con mi muerte, sólo quedas tú ¿Crees que te dejará vivir, sabiendo lo que sabes?

Altaïr: ¡No tengo interés en el tesoro!

Roberto: Ah, pero él sí. La única diferencia entre tu maestro y yo es que a él no le gusta compartir.

Altaïr: No…

Roberto: Que ironía…yo, tu mayor enemigo, te he mantenido a salvo pero ahora me has quitado la vida y al hacerlo, te has condenado a ti mismo…

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Rashid ad-Din Sinan, mas conocido como Al Mualim.
Sinan se unió al credo de los Asesinos a temprana edad y en algún punto de su vida, se unió también a la orden templaria. Alcanzó el grado máximo, convirtiéndose en el mentor del credo y siendo posteriormente conocido como Al Mualim.
Como lider de los Asesinos, Sinan llevó al credo a una época donde alcanzo su máximo esplendor, estableciendo las bases de un credo disciplinado y cohesionado pero estricto.

Sinan compartía ciertos ideales con los demás miembros de la orden acerca de forjar un “nuevo mundo” pero a diferencia de ellos, el pretendía forjarlo bajo su visión en solitario. Fue así que en compañía de otros 8 hombres comandados por un noveno que había nacido en el seno de la orden, se predispuso a encontrar un tesoro milenario que guardaba los secretos de este mundo y de la vida en si, un tesoro que se decía que podía controlar todas las mentes y unificarlas bajo una visión.

Habiéndose enemistado con ellos y localizado la posición del artefacto dentro de las ruinas del templo de Salomón, Sinan envió una partida de Asesinos para interceptarlo y tomar ventaja sobre los otros 9 hombres. Con el artefacto ya en su poder, Sinan se preparó para defender el tesoro a costa incluso de las vidas de los civiles y Asesinos que estaban a las afueras de la ciudadela.
Sinan ordenó a sus hombres que le preparasen una emboscada al ejercito de Roberto de Sable, quien entraba a la ciudad sin mayor dificultad ayudado por dos espías dentro de Masyaf. Con sus fuerzas diezmadas, Roberto se retiró para urdir un plan que contrarrestara la traición de Sinan.
Sabiendo lo que Roberto tramaba, Sinan utilizó al Asesino Altaïr Ibn La’ahad, quien había quebrantado la ideología del credo, para eliminar uno a uno a los subordinados de Roberto con el fin de sabotear sus planes.

Fue muerto por el Asesino Altaïr Ibn La’ahad, cuando este había eliminado al ultimo de sus objetivos. Sinan utilizó el fruto contra los habitantes de Masyaf y contra el mismo credo para cortarle el paso a su ahora, ex-discípulo.
Cuando Altaïr llego por fin a los jardines, Sinan le tendió una trampa obligandolo a enfrentarse al poder del artefacto. Finalmente, después de un combate en desventaja, Sinan cae y con el, deja caer el fruto.

Sus ultimas palabras fueron:

Al Mualim: ¡Imposible! ¡El discípulo no puede derrotar al maestro!

Altaïr: Nada es verdad. Todo esta permitido.

Al Mualim: …eso parece…me has vencido…ve a recoger tu premio…

Altaïr: ¡Has jugado con fuego, anciano! ¡Debiste destruirlo!

Al Mualim: ¿Destruir la única cosa que puede acabar con las cruzadas y traer la paz verdadera? ¡Nunca!

Altaïr: ¡Yo lo haré!

Al Mualim: …eso lo veremos…

Dentro de sus memorias finales, Sinan escribió:

“Consagré mi vida a conocer la sabiduría, y también la locura y el desvarío. Ahora comprendo que era tan fútil como escribir en el agua, pues donde hay sabiduría, hay también pesar. Y quien atesora conocimiento, atesora dolor.”

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